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Columnas de opinión

"Los CIO tienen que salir por segunda vez de la caja de cristal"

Por: Cyro Diehl, director general, Oracle Brasil

[13/07/2012] Hubo una época en que las empresas, además de la actividad principal que desarrollaban, se enorgullecían de producir todo en casa -desde la construcción de los predios hasta el mantenimiento de los vehículos, desde la comida y la operación de sus restaurantes hasta la publicidad. Ante los ojos del gerente de hoy, que vive en una época en que los hospitales tercerizan hasta la atención de las ambulancias, el modelo antiguo suena como algo inconcebible. Ese comportamiento anacrónico sobrevive en pocos sectores, pero a diario vemos cada vez más pruebas de una economía globalizada con foco en la productividad y una buena atención al cliente, en la que ya no es posible hacer todo solo.
En la era de la tecnología de la información no podría ser de otra manera. La necesidad de simplificar la infraestructura se volvió una exigencia mayor, lo que obliga al CIO a rediseñar la propia función. Es necesario que se transforme rápidamente de especialista en tecnología a hombre de negocios. Esta es una oportunidad imperdible para uno de los pocos ejecutivos de la empresa que, por su función, cuenta con el beneficio de una visión global del negocio y conoce las peculiaridades de todas las áreas y procesos.
Si el CIO deja de lado su zona de confort, se puede convertir en un óptimo candidato a la presidencia de la compañía. Súmese a esta capacitación personal los avances de TI. Al entregar hardware y software integrado en un ambiente homogéneo y con arquitectura abierta, los sistemas serán también más fáciles de operar y de mantener. Como sucede con la iPad, teléfono, televisión y automóvil, las tecnologías que alcanzaron el nivel adecuado de madurez tienden a volverse invisible al usuario. Es casi como apretar un botón del ascensor, en donde nadie piensa en los aspectos técnicos del funcionamiento. Para las empresas, esa simplificación se traduce en una variedad inmensa de beneficios, ya que libera el valioso tiempo gerencial y los recursos que pueden ser dedicados al negocio principal. Puede tardar, pero el sueño de los usuarios que ansían una solución integrada para sus demandas de TI se está haciendo realidad en forma gradual.
Esta es una buena noticia, pero representa más responsabilidad para el CIO. Si ahora es posible reducir el costo de propiedad en hasta 80%, el tiempo del ejecutivo de TI debe estar orientado a las obligaciones relativas a los negocios de la empresa. Para ser claros, los ejecutivos de TI que pretendan sobrevivir a las actuales condiciones del mercado, tienen que salir por segunda vez de la caja de cristal en la que estaban en el pasado. Es decir, en los comienzos de la computación empresarial, había un área física llamada pecera, que al mismo tiempo los aislaba del resto de la empresa por necesidades técnicas de las computadoras, pero que mantenía la condición de observar y ser observados por los demás sectores. Ahora, persiste una especie de burbuja psicológica que los separa como si fuesen una entidad separada e invisible para los demás. El problema es que la tecnología derribó murallas, que no solo expone a los ocupantes sino que amplía el grado de exigencia de los profesionales de TI. Además de aumentar la productividad y reducir costos operativos, el nuevo modelo requerido permite menor participación en actualizaciones y parches (¿o serán remiendos?), tanto de los sistemas propios como de terceros. Hoy, participar en los aspectos técnicos del oficio es tan inapropiado como si alguien quisiera armar en su casa un vehículo, adquiriendo componentes de diferentes proveedores. Con la misma facilidad con que se compra un automóvil que ya llega listo y con todo lo necesario, existe la ventaja de elegir accesorios, adaptados al gusto del cliente.
Es tiempo de simplificar TI que puede estar en la nube, en la estructura corporativa o en centros de datos externos. Con soluciones abiertas que adoptan diversos niveles de desempeño y que pueden ser adquiridas por entero o en partes, hay libertad de elegir el foco adecuado y la estrategia apropiada a las necesidades de la empresa. Y, como dijimos, es ese el momento en que el principal ejecutivo de TI puede mostrar su valor. Al dejar de lado el papel de simple integrador de software, él ennoblece también la función.
De aquí en adelante, el CIO precisa dedicar tiempo, conocimiento e inteligencia a cuestiones como perfeccionar y agilizar el procesamiento y análisis de datos no estructurados, sacar mejor provecho de la computación en la nube, resolver cuestiones de seguridad y movilidad, perfeccionar la colaboración y viabilizar el tráfico intenso de datos -algo perfectamente viable, como lo han demostrado las bases. Por eso, afirmar que este concepto es revolucionario no es más que uno de esos mensajes de marketing para referirse a un cambio importante. Se trata de un cambio tan radical que sus implicaciones van más allá de números y procesos. Esta es una transformación que cambiará la vida -para mejor- de todos los que participan en este fascinante ecosistema.
CIO, Perú