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Conversando con...

Pablo Valenti, especialista senior en Gestión del Gobierno Electrónico del BID

El gobierno electrónico no puede disociarse de las necesidades del país

[28/08/2012] Recientemente estuvo de paso por Lima Pablo Valenti, especialista senior en Gestión del Gobierno Electrónico del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para participar del Congreso Internacional de Gestión Pública 2012. Nosotros aprovechamos su presencia para conversar con él sobre la perspectiva que tiene una organización de desarrollo internacional sobre el tema.
Valenti sostuvo, en pocas palabras, que cada gobierno debe ir a su propio paso, pero que es importante que haya un liderazgo al más alto nivel y una gran participación de las instancias locales. No es un problema de software o soluciones, señaló, sino más bien de temor ante lo que representa toda una reorganización en la forma en que trabajan los gobiernos. Pero eso también se debe superar.
Gracias a la deferencia de los organizadores del evento (B&T Meetings) la conversación con Valenti fluyó de manera sosegada durante un alto en el evento.
En general, ¿qué entienden los gobiernos por Gobierno Electrónico?
Diría que hasta hace no mucho tiempo los gobiernos asociaban el Gobierno Electrónico con el tema tecnológico, con el uso de las nuevas tecnologías aplicadas al quehacer público de los gobiernos. Es decir, introducir computadoras conectadas a Internet, habilitar una página web a una oficina pública, etcétera.
Ahora, con el pasar del tiempo y al ver las experiencias incluso de la región nos fuimos dando cuenta que es mucho más que lo puramente tecnológico. Lo tecnológico es un componente más dentro de un conjunto de elementos que hacen al Gobierno Electrónico.
Éste es, en definitiva, la posibilidad de hacer cosas nuevas y más eficientes, a menor costo, logrando mayor transparencia; todos estos son factores determinantes para el quehacer de un gobierno moderno, donde la tecnología es una herramienta. Pero hoy también podemos decir -lo hemos comprobado en innumerables ejemplos- que el Gobierno Electrónico demanda una reingeniería de procesos, cambio cultural y nuevas formas de liderazgo. Y, sobre todo, es la gran oportunidad que tienen los gobiernos de la región para construir soluciones de gobierno que surjan de los ciudadanos; es decir, atender las demandas ciudadanas, circunscribir los problemas o las soluciones a determinados públicos.
Por ejemplo, ahora se encuentra en boga el gobierno electrónico a través de los teléfonos celulares y sabemos de la penetración que la telefonía celular ha tenido en América Latina. Entonces la tecnología ya está en manos de la gente, el desafío es cómo nos adaptamos para que las soluciones les lleguen, para que un ciudadano que tiene un teléfono móvil deje de hacer cola, deje de trasladarse para pedir un turno y pierda un jornal de trabajo o pueda estar informado para postular a un plan de vivienda.
¿Cómo se despliega el gobierno electrónico en una administración que tiene componentes locales, regionales y nacionales? ¿Va llegando por partes o es impuesto por un liderazgo del gobierno nacional hacia abajo?
No hay modelos trasplantables. No se puede copiar, por ejemplo, el modelo de Corea del Sur -que es el líder mundial en gobierno electrónico- y trasladarlo a la realidad latinoamericana. Entonces, la estrategia es de carácter endógeno, es decir, se construye a partir de las necesidades, requerimientos y condiciones de cada contexto.
Diría que, en gran medida, los éxitos están fuertemente asociados a esta concepción, la de abajo hacia arriba. Entonces, no podemos hacer una estrategia de gobierno electrónico a nivel nacional o subnacional disociada de cuáles son las prioridades que tiene el Perú planteadas para los próximos años; el gobierno electrónico se tiene que subir a esas estrategias de desarrollo y tiene que ser una parte fundamental.
Entonces, en países de estructura federal como Brasil o Argentina hay soluciones mucho más localizadas que responden a una lógica de la propia estructura del país. En el caso de los gobiernos de estructura central, no federal, es importante prever que una estrategia nacional debe habilitar soluciones a nivel local.
No nos olvidemos que el tema del gobierno electrónico tiene una implicancia en los servicios muy marcada a nivel local, muchos de los servicios con los que más interactuamos se encuentran en los gobiernos municipales. Además, América Latina es la segunda región más urbanizada del mundo; es decir, tiene una gran concentración de servicios en las ciudades y por ello es inimaginable pensar una estrategia que no habilite soluciones a nivel local.
¿Existen algunas condiciones que hagan que un país pueda ingresar al gobierno electrónico más fácilmente que otros?
Hay lecciones aprendidas que nos indican que algunos elementos sí son importantes. Primero es el tema del liderazgo, el compromiso de las altas autoridades con la transformación de la gestión pública. Y esto incluso implica una nueva institucionalidad. No nos olvidemos que estamos en medio de una revolución, y así como la Revolución Industrial se tradujo en un cambio de las instituciones, esta revolución está impactando en todos los ámbitos de la sociedad.
Sin embargo, los países de América Latina somos poco proclives a acometer transformaciones institucionales profundas, nos cuesta en lo público. Aquí hay una necesidad de un fuerte liderazgo. Hay interesantes casos en la región donde en general uno visualiza que hay una presencia muy fuerte, no solo de las altas autoridades ministeriales sino del propio presidente de la República, involucrándose en estos procesos de transformación.
El otro elemento es tener la capacidad de establecer un plan estratégico que tenga claro por lo menos una serie de metas que ordenen la estrategia. Los escenarios son generalmente muy desordenados; el nivel de madurez del área de salud suele ser generalmente muy diferente del nivel de madurez tecnológica del área económica o de la seguridad social. Por lo tanto, hay que establecer planes o una estrategia integral que, por lo menos, nos permita ordenar estos escenarios.
El tercero tiene que ver con la institucionalidad, es decir, crear las instancias técnicas, potenciarlas, para que puedan prestar debidamente la asistencia o la capacitación necesaria para que las áreas de gobierno electrónico se desarrollen.
Esta falta de madurez, que hace que áreas de gobierno no se integren unas con otras, requiere de instancias de coordinación. Por ello en América Latina se han creado agencias especializadas en Gobierno Electrónico y dentro de estas agencias funcionan las PMO, oficinas de gestión de proyectos especializadas. Si me dicen que en un país, la prioridad sectorial pasa por el desarrollo de planes educativos que vinculen la reforma educativa con la tecnología y no están dadas las capacidades, entonces el gobierno tiene que tener la capacidad y la responsabilidad de asistir y acompañar este desarrollo.
Estas instancias técnicas tienen un gran desafío en la región porque generalmente los ingenieros encuentran mejores condiciones laborales en el sector privado y, por tanto, hay que generar incentivos para retener a los cuadros técnicos que puedan favorecer estas soluciones.
Y, por último, el foco puesto en el ciudadano. Si hay una lección interesante es que estos procesos -por lo menos los exitosos- no se construyen de adentro hacia afuera, sino del ciudadano hacia la administración pública. Entonces, ese es un cambio de cultura, y lo que plantea la nueva realidad es ese cambio que está afectando de manera determinante a todo lo que hacemos.
Para tener una idea, la penetración de las redes sociales necesariamente va a demandar un nuevo perfil de ciudadano (conectado, mucho más informado) y, por lo tanto, los gobiernos no pueden seguir una práctica que tiene al ciudadano como receptor sino como protagonista de la nueva sociedad.
Hay ejemplos, como el del teléfono celular, de lo que podríamos llamar gestión compartida, en la que en las municipalidades de los países nórdicos de Europa el ciudadano toma fotos de problemas del mobiliario urbano y la misma aplicación le permite colocarla dentro de la estructura de atención de reclamos de la municipalidad. El ciudadano se transforma en un inspector ciudadano. Y así hay varias aplicaciones vinculadas a la seguridad ciudadana y otras. Entonces estamos ante un nuevo ciudadano.
¿Y las organizaciones del gobierno tienen ganas de realizar implementaciones de soluciones para gobierno electrónico?
No creo que sea un problema de ganas. La sensación que me da es que el tema tecnológico no es la variable complicada, es la más sencilla de resolver. El software se encuentra en el mercado o no tiene una complejidad muy marcada. El problema es otro, es cómo se organiza una ingeniería de procesos, como se garantizan los factores de seguridad de la información que requieren nuevas capacidades, cómo se garantiza la sostenibilidad de la información en manejo de bases de datos y las nuevas formas de atención al ciudadano.
Hay toda una serie de factores nuevos que intervienen en estas soluciones integrales que van más allá de lo tecnológico. Entonces, con todos estos ejemplos que uno ve de oferta de software, si no están dadas las otras condiciones, poco vamos a poder hacer con él.
Además, entrar al gobierno electrónico dispara otros niveles de exigencia. Es lógico, si a mi me dan la posibilidad de descargar un formulario por Internet para pedir un turno, luego no voy a desear que me envíen a una oficina a pedirme los datos que ya sé que el gobierno tiene. Se plantea una exigencia.
Creo que todavía en muchas oficinas públicas nos enfrentamos a estos problemas; pero no por falta de voluntad, sino por temor a no saber cómo acometer lo que se viene encima cuando se entra a esta nueva dinámica.
Jose Antonio Trujillo, CIO Perú