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Reportajes y análisis

La Internet de las personas

Riesgos y beneficios

[07/09/2016] En días pasados se realizó en la México, la Cumbre Latinoamericana de Analistas de Seguridad. En ese evento, organizado por la compañía de seguridad informática Kaspersky, pudimos atender a varias conferencias en las que se nos mostró los más recientes avances en seguridad, a la vez que se nos informó de las amenazas que actualmente tienen que enfrentar por igual empresas y consumidores en la Red.

Eugene Chereshnev, director de Medios Sociales de Kaspersky Lab, habló sobre los beneficios y riesgos de la Internet de las cosas en base a su propia experiencia.

Durante los siguientes días iremos ofreciendo información sobre aquellas conferencias, resumiendo lo más resaltante, pero, por lo pronto, queremos presentarles una de las charlas que nos pareció bastante sui generis. Eugene Chereshnev, director de Medios Sociales de Kaspersky Lab, no solo expuso la charla "La Internet de las personas sino que él mismo fue ejemplo de lo que su tema trataba. ¿Cómo lo hizo? Implantándose un chip.

El futuro que nos llega

Chereshnev indicó que no nos encontramos muy lejos del futuro que puede encontrarse en la novela de George Orwell, 1984. Pero además se explicó a un poco a sí mismo; es decir, el motivo por el que se encontraba ahí. Muchos no lo sabían, pero Chereshnev hace dos años se implantó un biochip en su mano izquierda, y esto lo hizo porque pertenece a un grupo al interior de su organización que tiene como objetivo imaginar cómo podría ser el futuro en cinco, 10 o 15 años. Y la implantación del chip es uno de sus experimentos.

El chip¸dijo el ejecutivo, es muy chico, solo tiene un par de milímetros y cuenta con la tecnología NFC, lo cual le permite interactuar con la Internet de las cosas simplemente tocando o acercándose a los componentes de ella.

Eso es algo que ha dejado el campo de la teoría y se realiza en la práctica. La propia Kaspersky ha adaptado sus instalaciones para poder utilizar el chip que Chereshnev tiene implantado. Por ejemplo, él ya no requiere pasar su badge -que tiene tecnología NFC- para acceder a ciertas áreas de la oficina que se encuentran resguardadas con este tipo de seguridad, simplemente acerca su mano izquierda al sensor y éste lo registra. "Tomó un tiempo explicar esto a los guardias de seguridad, comentó.

Otro de los experimentos que ha estado realizando es el poder utilizar sus dispositivos, usando el chip como llave para sus elementos de seguridad. De esa manera ya no tiene que recordar una contraseña para identificarse, simplemente acerca su mano. Otro de los entornos en los que se podría utilizar el chip implantado es en los ingresos a los transportes públicos que usan tarjetas NFC.

Otro escenario en el que le hubiera gustado probar el chip es ante el gobierno. Básicamente, indicó Chereshnev, el chip podría tener el suficiente nivel de cifrado para poder ser utilizado como un documento de identificación oficial ante el gobierno, como el pasaporte. El ejecutivo se preguntó porque se utiliza un documento de papel en el caso de los pasaportes, si la identificación ante la autoridad siempre se realiza de manera electrónica, el papel con lo que tiene escrito no tiene sentido en ese entorno. De hecho, el chip podría servir como el centro de todos los documentos de identificación de la persona.

Adicionalmente, el chip se puede utilizar como uno de los factores de autenticación que se usan en varios sistemas de identificación; es decir, sería como un token que garantiza que la persona es quien dice ser. Incluso se puede utilizar como monedero electrónico, aunque, claro, siempre se requerirá de una interfaz (una pantalla) para saber a quién se transfiere el dinero y asegurar cuánto dinero se está transfiriendo.

Aunque, valgan verdades, ya se puede hacer algunas cosas sin una interfaz, como un pago de una cantidad ya determinada, al realizar el contacto con un sensor como forma de aceptación del pago.

Por supuesto, hay muchas otras cosas que se podrían hacer.

Un terreno en el que se podría explorar es el de la seguridad a través de cifrado. El inconveniente de este tópico es que el cifrado requiere poder de procesamiento y esto implica una CPU y ello, a su vez, implica el uso de energía. Algo que aún no se puede poner en un ser humano. "No estoy listo para conectarme a un tomacorriente. Aún, bromeó el expositor.

Sin embargo, existen alternativas. En la actualidad se están probando chips incluso más pequeños que el que Chereshnev se ha implantado. Se puede ahora llegar a chips de tan solo un milímetro de diámetro que obtienen su energía de ondas sonoras; es decir, se cargan si hay ruido cerca de ellos. "Entonces, estoy listo para hacerme un upgrade, bromeó el expositor.

¿Por qué necesitamos los chips?

Luego de dos años con el chip, Chereshnev puede decir que estos chips son "absolutamente esenciales. Esto se debe a que sirven como una potencial fusión entre las personas y las computadoras. Y esta relación es importante, ya que -señala el expositor- en realidad en la actualidad no tenemos lo que se denomina inteligencia artificial, lo que en realidad tenemos es aprendizaje de máquina (machine learning). La inteligencia artificial es un sistema que se puede mejorar a sí mismo sin ayuda, y replicarse a sí mismo.

"Y esto asusta a algunos científicos y con justa razón. Lo que somos actualmente se debe a un proceso de evolución de miles de años. La inteligencia artificial, cuando exista, podrá lograr lo mismo en mucho menos tiempo. A pesar de ello, es necesario realizar los tipos de experimentos que se realizan con la implantación de un chip. Solo de esta forma una persona puede entender la relación simbiótica que puede haber entre una persona y una máquina creada, pues solo de esa manera uno aprender a controlarla y lo que se requiere para ello, anotó el expositor.

Y la contraparte

Pero hay un lado negativo. Chereshnev indicó que realizó numerosos experimentos para saber lo que se sentiría cuando se conectara él mismo a Internet sin la posibilidad de poder cambiar de personalidad.

Para las computadoras somos los datos que producimos, esa es la única forma en que nos entienden.

"Es un poco atemorizante saber que uno es algo que las máquinas están construyendo y que no puedes controlar. Es algo que antes no se siente porque no eras parte de ello, señaló el expositor.

Además, todos los datos no son solo de la propia persona, sino también de las que se relacionan con ella. Es decir, cuando uno se identifica en Internet, es también la identificación de los parientes y de lo que se ha estado haciendo. "Es algo parecido a lo que sucede en la novela de Orwell, indicó Chereshnev.

"Está bien que se sepa algo de nosotros, pero no está bien el estar como en la película Minority Report, indicó.

"Esto es lo que aprendí, existe un cambio drástico en la percepción que tenemos de las computadoras. Antes las computadoras era solo una herramienta, pero con el chip he comprendido que las computadoras ya no son solo una herramienta, son una interfaz entre nuestras vidas y todo lo demás. Ya no somos usuarios somos sensores del sistema, y lo ayudamos a mejorar, explicó.

El problema es que éste es un proceso que la persona no controla.

Cambios en las empresas

El expositor también identificó algunos problemas que se pueden dar cuando la información se genera a un ritmo tan acelerado.

Por ejemplo, señaló, si uno crea una compañía y se tienen los datos sobre cómo funciona el negocio, otra compañía más grande puede duplicar el negocio de forma más eficiente y no habrá forma en que la primera pueda volver a tomar la iniciativa.

Otro de los problemas es la seguridad. Hay muchas grandes compañías que tienen muy buena seguridad, pero no todas pueden hacerlo, así que los hackers siempre podrán encontrar un punto débil en alguna compañía para poder acceder a la información que se está creando.

Otro problema es la actitud de los gobiernos. Ellos siempre van a querer saberlo todo, lo que ha conducido a una discusión muy 'binaria'; es decir, o lo tienen todo o no tienen nada.

En general, Chereshnev considera que en la actualidad nos encontramos en un feudalismo digital en el que las grandes empresas almacenan enormes cantidades de datos sobre nosotros, datos que consideran su feudo y que usan más allá de lo que nosotros podamos controlar.