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La inclusión financiera en Visa

[26/10/2016] La inclusión digital puede ser un puente para pasar a la inclusión financiera y luego a la inclusión social. Ese el camino por el que actualmente podrían transcurrir millones de personas en el Perú y el mundo si es que los esfuerzos que Visa realiza tienen éxito, y hasta el momento los resultados son bastante promisorios.

Para explicar lo que la corporación está realizando en cuanto al tema de la inclusión financiera estuvo de paso por Lima Jorge Ortega, head of financial inclusion LAC de Visa. Su presencia no es casual, el Perú es uno de los seis países en los que se realizó un reciente estudio para entender a la clase media emergente y las barreras que existen para su inclusión financiera.

El campo es fértil, ya que en el Perú la gran mayoría de la población no se encuentra incluida financieramente.

Jorge Ortega, head of financial inclusion LAC de Visa.
La inclusión financiera

"Como empresa, una de las contribuciones más grandes que podemos hacer es que podemos ayudar a las economías de los países a digitalizar pagos y a crear un ambiente más transparente, que no fomente criminalidad, que tenga mayores ingresos por fiscalización; pero por, sobre todo, ayudar a las personas a crear un esquema de progreso, sostuvo el ejecutivo al explicar las razones por las que Visa se encuentra inmersa en el tema. De hecho, su propio cargo (head of financial inclusion) nos puede dar una idea de cuán en serio se toma la corporación el tema de la inclusión financiera; pero, además, es que hay mucho campo por atender.

De acuerdo a las estadísticas presentadas por Ortega -basadas en Findex, la base de datos del Banco Mundial sobre inclusión financiera- aproximadamente dos mil millones de personas en el mundo no cuentan con una cuenta bancaria formal. La cifra es grande, pero es bueno saber que en los últimos cuatro años era de 2.500 millones; es decir, en ese periodo se redujo en 500 millones de personas. Eso es un avance.

De hecho, el uso del efectivo sigue siendo prevalente en todo el mundo. De acuerdo a las cifras presentadas, el 48% de los pagos son en efectivo en Norte América, 91% en América Latina, 66% en Europa Occidental, 93% en Europa Oriental, 98% en África, 65% en Asia-Pacífico desarrollado (Japón, Australia y Nueva Zelandia) y 98% en Asia-Pacífico emergente.

Si hablamos específicamente de América Latina, aproximadamente 250 millones no se encuentran bancarizadas; y si hablamos del Perú esa cifra llega a los 18 millones de personas, aproximadamente el 71% de la población que podría acceder a esta condición.

Para tener una visión más profunda de la situación, Visa se ha concentrado en lo que Ortega denominó la clase media emergente; es decir, aquella -en el caso del Perú- que se encuentra en los niveles socioeconómicos (NSE) C1, C2 y D.

Es en este grupo en donde desarrolló un estudio en profundidad en el que participaron seis países (Perú, Colombia, Nigeria, Sudáfrica, Indonesia y Filipinas), 63 expertos, 304 comercios y 19 ciudades. El estudio se hizo con ellos porque es la clase media emergente la que tiene el potencial de ser incluida financieramente.

"El comercio pequeño es la mitad olvidada de la inclusión financiera. Porque son las entidades comerciales que reciben menor capacitación, y los productos financieros no están totalmente adecuados para atenderlos de forma eficiente, indicó.

Y es necesario atenderlos adecuadamente si se toma en cuenta que los micro y pequeños comercios, a nivel global, generan 4.500 millones de dólares en interacciones diarias con su comunidad, más de 180 millones de ellos se encuentran en países en desarrollo, y el valor anual de su actividad comercial ronda los 6,5 billones de dólares y son la mayor fuente de empleo a nivel mundial. A pesar de ello, aproximadamente dos tercios de estos negocios no tienen acceso a una cuenta formal.

Volviendo al estudio, de él se desprendieron 12 características comunes a estos comercios. Pero de entre ellas Ortega destacó tres: temor a la fiscalización, el tiempo es valioso y baja digitalización.

En cuanto a la primera, Ortega detalló que en realidad no hay un temor a la fiscalización, sino un temor a no hacerlo correctamente y a ser castigados por ello. Entonces, se trata de un tema de educación, pues del estudio se pudo ver que muchos de estos comercios estarían interesados en pagar impuestos siempre y cuando fuera fácil y entendible hacerlo.

La segunda característica es que para ellos el tiempo es valioso. No hay ningún grupo comercial que valore tanto el tiempo, lo ponen casi al nivel de los ingresos que reciben, pues si cierran 20 minutos su establecimiento dejan de vender en esos 20 minutos. Por ello es que del estudio se aprecia que tienen mucho miedo de ir a los centros de entrenamiento; de hecho, el 50% de ellos no están interesados en salir de su unidad de trabajo porque 'pierden tiempo'. No quieren perder el tiempo para cerrar el negocio y capacitarse, ir al banco o comprar insumos o atender proveedores.

La terca característica es la baja digitalización.

El estudio también pudo detectar las percepciones que tienen estos comercios con respecto a los pagos digitales, y pudo señalar que algunos beneficios que se supone otorgan estos pagos no son tales para estos comercios.

Por ejemplo, el beneficio tradicional del pago digital es que produce un incremento en las ventas. Ante esto, los pequeños comercios señalaron que la mayoría de sus clientes no tienen tarjeta. Otro de los beneficios clásicos del uso del pago electrónico es la reducción en los costos del manejo del efectivo. Pero en el estudio, los comerciantes señalaron que no se preocupan mucho de la seguridad o que no tienen suficiente efectivo como para ser atractivos para los asaltantes. Finalmente, otro beneficio clásico es mejorar el nivel de competencia con otros comercios, y ante ello los comerciantes señalaron que ningún comercio de la zona acepta tarjetas por lo que no temen a esa competencia.

Entonces, existen barreras significativas que inhiben la adopción de los pagos digitales: Los sistemas de pago electrónico no satisfacen sus necesidades, los proveedores de servicios financieros tienen pocos incentivos para atenderlos; y, tradicionalmente, las regulaciones no están diseñadas con ese perfil de comerciantes.

¿Qué hacer entonces? Visa primero desagregó a la clase media emergente en tres grupos: Excluidos, emergentes e incluidos, y diseñó estrategias para cada uno de ellos.

Para los excluidos, es decir, los comercios con transacciones de bajo monto (dos dólares, en promedio), se tiene que innovar radicalmente la tecnología, y también añadir la presencia de socios no tradicionales que ofrezcan productos de acuerdo a las necesidades de los micro y pequeños comercios no bancarizados o sub bancarizados. A propósito, se considera sub bancarizado a aquel que tiene una cuenta, pero no la usa, por ejemplo, el trabajador que tiene una tarjeta en la cual le pagaban el sueldo pero que, al abandonar su empresa, ya no usa esa tarjeta bancaria.

Para el caso de los emergentes, es decir, aquel comercio con una transacción promedio de 30 dólares, se va a invertir en iniciativas no tradicionales para migrar estos comercios al pago digital.

Finalmente, con los incluidos, además se va a mejorar la propuesta de valor y los canales de distribución; es decir, mejorar la experiencia con valores agregados y el desarrollo de propuestas de valor relevante para ellos. Por ejemplo, Ortega mencionó que un terminal en la actualidad sirve para más que para solo recibir pagos, también puede hacer venta en crédito, débito y prepago, puede usar para el pago de recargas, pago de facturas, acceso a historial crediticio, intervenir en las facturas electrónica, entre otras funciones.

"Para mí la tecnología es un agente democratizador porque reduce costos, es un canal de comunicación, te da capacidad de competir. Pero finalmente la tecnología sola no funciona si no hay la capacidad de utilizarla, por eso se habla de una inclusión digital, para llegar a una inclusión social, indicó.