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Trump y las TI: ¿Cómo será su relación?

[07/02/2017] En días recientes la relación entre el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y la industria TI se vio resquebrajada por la posición que asumió el primero en torno al tema migratorio.

Su más reciente medida, el decreto que intenta prohibir el ingreso de ciudadanos de ciertos países de mayoría musulmana, disparó una ola de protestas entre un grupo de ciudadanos estadounidenses que vieron en la medida una injusta forma de afrontar la problemática inmigratoria. Estados Unidos, un país forjado por inmigrantes, paradójicamente se estaba cerrando a ellos. Particularmente la industria TI se vería afectada debido a la -muy evidente- presencia de inmigrantes en sus compañías. ¿Cómo quedará entonces la relación entre las TI y Donald Trump?

Un inicio auspicioso

En realidad, la relación entre Trump y las TI se inició muy cordialmente. De hecho, luego de las elecciones del 8 de noviembre en las que salió electo como presidente, el analista Rob Enderle de CIO sostuvo que Trump ganó las elecciones gracias a que siguió tres reglas de la analítica: Asegurar la fuente de datos, identificar y eliminar los sesgos y desafiar el análisis.

Todo esto se resume en que gracias a la analítica -sobre todo al uso adecuado y no sesgado de los resultados- Trump pudo enfocarse en los sectores que desatendió Clinton, y pudo así ganar una elección que los medios tradicionales de comunicación -y las empresas de encuestas que utilizaban- daban a Clinton.

Fue una victoria basada en modernas técnicas de analítica, pero también en la comprensión del público al que debía dirigirse. La relación entre Trump y la tecnología parecía viento en popa.

Sin embargo, la relación no era la misma con las compañías que hacían tecnología. De hecho, Trump y los altos ejecutivos de las empresas tecnológicas tenían diferentes puntos de vista en temas como la inmigración, la tercerización en el extranjero, la neutralidad de la red, el cifrado, la vigilancia y el restablecimiento de puestos de trabajo de la industria en territorio estadounidense.

Como señala un reporte de John Ribeiro de IDG de mediados de diciembre del año pasado, la relación tenía altibajos.

Trump, por ejemplo, criticó el rechazo de Apple de ayudar al Departamento de Justicia a acceder a la información que se encontraba en el iPhone de un terrorista. En ese entonces, Apple argumentó que ayudar al FBI a crackear el teléfono hubiera requerido desarrollar una nueva versión del sistema operativo iOS y debilitar su sistema de seguridad.

Igualmente, durante la campaña, Trump también indicó que forzaría a Apple a fabricar sus computadoras en Estados Unidos en lugar de hacerlo en otros países, como parte de su agenda para devolver puestos de trabajo a los estadounidenses.

Pero, por otro lado -y seguramente con el ánimo de apaciguar a la industria- Trump también trataba de mejorar las relaciones con las empresas tecnológicas.

En un informe de Martyn Williams de IDG, también de mediados de diciembre, Trump prometió a los líderes de la industria que su gobierno les ayudaría a hacer negocios y a ganar dinero.

Estas palabras las lanzó durante una cumbre que tuvo a mediados de diciembre con Tim Cook de Apple, Eric Schmidt de Google, Larry Page de Alphabet, Satya Nadella de Microsoft, Sheryl Sandberg de Facebook, Ginni Rommety de IBM, Elon Musk de Tesla, Safra Catz de Oracle, Jeff Bezos de Amazon, Brian Krzanich de Intel, Chuck Robbins de Cisco y Alex Karp de Palantir.

Pero ¿qué fue lo que pasó luego?

A inicios del 2017 se reactivaron algunos 'viejos' temas. En ese entonces tuvo que admitir que probablemente fue Rusia la que hackeó al Comité Nacional Demócrata y a la campaña de Hillary Clinton; aunque, por supuesto, no concordó en que estos actos se hicieron para favorecerlo en la campaña. Estas acusaciones se habían estado formulando ya por un buen tiempo, y las declaraciones de Trump reconociendo la posibilidad de que efectivamente haya sido Rusia la que realizó los supuestos ataques, no hizo sino avivar la polémica.

Este problema con la seguridad hizo que la gente recordara lo que el electo presidente había señala solo unos días antes: "ninguna computadora es segura. Esto lo dijo Trump -de acuerdo a una nota de Peter Sayer de IDG, la cual a su vez recoge un reporte de Associated Press- durante una fiesta de Año Nuevo en la que también sostuvo que lo mejor que se puede hacer para evitar que se intercepte una comunicación es usar un courier, si es que lo que se desea comunicar es algo realmente importante.

Y aunque el tema de la seguridad fue protagonista durante algún tiempo, pronto la inmigración cobró aún más notoriedad.

La inmigración

El tema no es nuevo, aunque sí ha cobrado matices más amplios. En la actualidad, el tema ha saltado a los titulares de los diarios debido al decreto que emitió Trump en el cual se suspende la emisión de visados para personas procedentes de Irán, Siria, Irak, Somalia, Sudán, Yemen y Libia.

Los países son mayoritariamente musulmanes y por ello es que el decreto ha sido considerado como un veto a los inmigrantes musulmanes. La medida despertó la indignación de muchos colectivos civiles que -aunque se encontraban ya enfrentándose a Trump desde que asumió su mandato- vieron en él el inicio de una escalada antiinmigrantes más formal que la del famoso muro en la frontera con México que Trump prometió.

Nuevamente, las empresas tecnológicas se vieron inmersas en un problema ante este tipo de medidas porque les toca especialmente. Y esto tiene un nombre: H-1B.

La visa H1-B es la que otorga el gobierno estadounidense a profesionales calificados y especializados; es decir, una categoría en donde se podría asignar a una buena parte -sino todos- los trabajadores extranjeros especializados de la industria TI de Estados Unidos. Con esta visa, un extranjero puede trabajar en Estados Unidos en un puesto muy especializado, aunque hay un requisito: Deben ganar al menos 60 mil dólares anuales.

Como señala una nota de Stephany Overby de CIO, Trump ha señalado que desea realizar cambios en esta visa, como establecer el salario mínimo necesario para adjudicarse la visa a 100 mil dólares anuales. Con esto Trump señala que la visa efectivamente mantiene la posibilidad de contratar personal externo de TI, pero que éstos serían "los mejores y más brillantes.

Por supuesto, con este umbral de salario serían menos los que se podrían adjudicar la visa, o la industria tendría que incrementar sus gastos en salario para poder mantener el mismo número de trabajadores extranjeros.

Esta medida ya tuvo sus repercusiones. En la nota señalada se indica que, por ejemplo, compañías como Tata Consultancy Services han previsto los posibles cambios y se preparan para ello; es decir, para operar en un entorno con restricciones en los visados. La compañía solicitó 14 mil de estas visas en el 2015, pero solo dos mil el año pasado.

Aún no se encuentra clara la forma en que se adjudicarán las visas, pues existen propuestas diversas de los congresistas del partido republicano, aunque, claro, todas ellas se alinean con los deseos de Trump de modificar estas visas de tal forma que no afecten los puestos de trabajo de los trabajadores estadounidenses.

Una propuesta, por ejemplo, sostiene que, bajo ninguna circunstancia, un trabajador que ingrese con una H1-B pueda reemplazar a un trabajador estadounidense que ya se encuentre laborando; mientras que otra propuesta postula que se daría preferencia a aquellos solicitantes que hayan conseguido un postgrado en una universidad estadounidense.

Sea como fuere, el muro y la prohibición de visas para algunos países musulmanes -donde no se encuentra Arabia Saudita a pesar de tener las mismas características- no son las únicas medidas preocupantes para la industria TI, lo es también el tema de las visas para trabajadores especializados.

Después de todo ¿qué sería de la industria sin la participación de los inmigrantes en ella? Basta recordar que Apple es creación de Steve Jobs, de padres sirios musulmanes; uno de los fundadores de Dropbox, Arash Ferdowsi, es americano-iraní, al igual que el fundador de eBay, Pierre Omidyar; e incluso el propio fundador de Google, Sergei Brin, es ruso. Y no hay que olvidar que el actual CEO de Microsoft es de India.

Con seguridad, la inmigración es uno de esos puntos en los que Trump va a tener que cuidar mucho sus pasos, y que podría costarle años de innovación a Estados Unidos.