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Reportajes y análisis

Atravesando mares

[05/10/2009] Global Crossing posee una de las redes submarinas de fibra óptica más grandes del mundo. Su longitud consta de 39 mil millas de cables submarinos con los cuales la empresa ofrece servicios a más de 690 ciudades en 60 países. Tender esta vía de alta velocidad para los datos fue una empresa monumental.

Damos por hecho que al levantar el teléfono podremos comunicarnos con el pariente que tenemos en Estados Unidos, Europa o Japón. No nos ponemos a pensar cómo es que nuestra voz viajará distancias tan enormes en tiempos tan cortos porque sencillamente suponemos que debe haber alguna tecnología que permite que ello suceda; pero no la conocemos.
En realidad, todo ello es posible gracias a enormes redes de cables que literalmente circundan el mundo llevando no solo nuestra voz sino también nuestras fotos, videos, textos y todo aquello que pueda reducirse a ceros y unos. Y la red que ha construido Global Crossing desde 1998 es parte importante en el logro de esta maravilla de la inventiva humana: la de acortar las distancias.
Bajo el agua.
Por cierto, los cables submarinos no son nuevos, provienen incluso del siglo XIX. Los primeros cables, usados para enviar las señales del servicio telegráfico, estaban conformados por hilos de cobre recubiertos por un material aislante denominado gutapercha, y tuvieron a su primer representante en el sistema que unía en 1852 Reino Unido y Francia a través del Canal de la Mancha.
Pero lo que conocemos ahora como cable submarino, aquel que cruza grandes distancias, puede ser rastreado hasta el primer cable trasatlántico, creado en 1855 pero con funciones efectivas recién a partir de 1866. El cable unía Irlanda y Terranova en Canadá, y, como era de esperarse, sufrió múltiples daños debido al pobre aislamiento con el que se contaba en la época.
Pero esos son tiempo pasados. En la actualidad el material usado ya no es el cobre sino la fibra óptica, y el revestimiento ya no es de gutapercha sino que incluso está compuesto por capas de acero resistente a las profundidades del mar. Y en la actualidad no hay un único cable sino que se pueden contar hasta 300 cables submarinos entre viejos y nuevos.
En estos días, cuando se pensó en cablear el mundo se tuvo que pensar en muchas cosas. En primer lugar, se tuvo que tomar en cuenta algo que todos sabemos desde el colegio: que la mayor parte del mundo se encuentra bajo los mares. Esta simple característica geográfica ha hecho que la empresa de cablear la Tierra se convierta no solo en una aventura de dimensiones colosales sino también en una aventura submarina.
De las 88 mil millas que tiene Global Crossing en ruta alrededor del mundo 39 mil se encuentran bajo el agua, y conforman cinco sistemas (Atlantic Crossing, Pan American Crossing, Mid-Atlantic Crossing, South American Crossing y Pacific Crossing) con los cuales provee servicios a más de 690 ciudades alrededor del mundo, en más de 60 países de los cinco continentes.
Para tender estos cables se tuvo que tener en cuenta la conformación del lecho marino. No todo el lecho es igual. De la misma forma en que hay accidentes geográficos en la superficie también se presentan bajo el mar. Así, se tienen lugares en donde la profundidad es mayor o menor y hay que tomar en cuenta estos accidentes para elegir el mejor lugar por donde tender el cable, sostiene Dante Passalacqua, vicepresidente de Global Crossing Perú.
Uno tendería a pensar también que el cable submarino es un larguísimo cable que se extiende de principio a fin sin interrupciones; la verdad es que, en realidad, se requiere de amplificadores cada 40 o 50 kilómetros. Además, el cableado submarino tiene que recorrer distancias de hasta siete mil kilómetros, mientras que los cables que viajan por tierra no superan los mil kilómetros de recorrido.
Los cables submarinos son más grandes que los cables terrestres pero contienen menos fibras, porque cada fibra de vidrio necesita de sus propios amplificadores, impulsados desde los extremos del sistema. Por otro lado, el cable submarino debe de estar especialmente protegido con una armadura o coraza que lo resguarde de las condiciones inhóspitas del suelo oceánico, entre las que se puede mencionar las superficies rugosas, las fuertes corrientes, el frío extremo, e incluso las mordeduras de tiburones.
Se debe considerar también que el escudo tiene un impacto considerable sobre costo y el volumen del cable, ya que las fibras son recubiertas por una envoltura de acero para fortalecerla lo que hace que cada cable revestido tenga aproximadamente 5 centímetros de diámetro y una vida útil de 25 años.
¿Al infinito?
Dado que el cable que se ha usado es cable de fibra óptica se tiene la impresión de que la fibra no tiene un fin en su capacidad. Que se puede extender casi al infinito y que con el cableado del mundo se ha incrementado la oferta de red quizás a niveles superiores a la demanda.
Ciertamente, eso es algo que ocurrió en algún momento, pero la demanda ha crecido, no se detiene.
 
Digamos que la fibra no es infinita pero hay algo de cierto en esa percepción. Lo que sucede es que los años han demostrado que es relativamente sencillo -tecnológicamente hablando, porque el tema de costos es otra variable- cambiar los equipos que iluminan la fibra y aumentar significativamente la capacidad de la red, sostiene Passalacqua.
Ahora ya tiene una idea de lo que implica llevar su voz al otro lado del mundo. La fibra óptica es lo que hace posible esta proeza que disfrutamos millones de veces al día, literalmente, ya que cada par de fibra de vidrio -que tiene el grosor de un cabello humano- puede transportar más de 15 millones de llamadas telefónicas en forma simultánea.
Pero por supuesto, su voz no es lo único. Esos ceros y unos también conforman el tráfico de Internet y todo lo que ello conlleva. Las aplicaciones que pueden ofrecerse sobre el protocolo IP -que es el usado para Internet- no parecen tener fin al igual que la red sobre las que se transportan.
José Antonio Trujillo, CIO Perú