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Reportajes y análisis

Derechos digitales: lo que puede cambiar

[12/01/2010] Hay una ola en Internet que busca cambiar nuestra concepción sobre los derechos. A ella se han subido -la están surfeando- académicos, periodistas, abogados, sociólogos, y otros profesionales (50 al momento de escribir esta nota), que buscan definir algo que por lo pronto parece un asunto muy primermundista: los derechos digitales.

Quizás no lo sepa, pero en el mundo digital también se pueden tejer este tipo de filigranas argumentales. Además, no es solo un mero ejercicio intelectual o una vanidad legal; estos derechos tienen más relación con el mundo real de lo que la mayoría cree. Y esto se debe a que lo digital se ha ido -cada vez más- entretejiendo en nuestra vida diaria. ¿No es acaso común escuchar música, y no es casi seguro que lo que escucha provenga de un archivo digital? ¿No es acaso también común que parte de su día lo pase consumiendo contenidos en la Red, e incluso creando contenidos para ella?
La vida digital no es el futuro, es el presente. Y es precisamente ese presente el que busca manifestarse de maneras distintas, y al hacerlo se encuentra con un mundo que aún no ha cambiado -o no quiere cambiar, como señalan algunos-porque es más sencillo no hacerlo.
Al hablar de derechos digitales inevitablemente se tiene que discutir sobre el actual status quo de los derechos de autor, por ejemplo, y de esta manera se ingresa a un terreno en el que las discusiones se han caracterizado por su abundancia e, incluso, por la agresividad con la que se defienden las posiciones.
Pero algo hay que hacer. Y por ello es que Eduardo Villanueva, creador de la ola que en Google Wave sirve de plataforma para el debate, se dio a la tarea de iniciar y difundir el tema del Prototipo para la vaina de los derechos digitales, como jocosamente ha llamado a su ola.
Su objetivo: generar debate, awareness, como se diría en inglés. Además, como algunos oleros ya se han dado cuenta, es una forma interesante de aprender a usar Google Wave.
El inicio de la ola.
Todo comenzó a inicios de diciembre del año pasado; el 4 de diciembre para ser exactos. Ese día Villanueva comenzó una ola en Google Wave, que desde entonces ha crecido más bien con la velocidad de una bola de nieve.
Y no podría ser de otra forma. El atractivo del tema es que es polémico, y que se ha ido gestando junto con el crecimiento de Internet y del acceso de los navegantes a cada vez mayor información. Precisamente por ello es que los puntos que Villanueva propone para un futuro manifiesto sobre los derechos digitales generan discusión, debate y nuevos aportes entre los demás oleros:
1.      Los derechos patrimoniales de autor no deben considerarse un derecho por encima de las libertades y derechos básicos, incluido el derecho a la intimidad /privacidad y a la libertad de expresión. 
2.      La Internet es un espacio de creación y divulgación libre, cuya principal virtud es permitir la experimentación y la innovación desde cualquier punto y lugar. Cualquier intento de restringir el acceso a la información de dominio público pone en jaque la viabilidad misma de la innovación y la creatividad en la era digital.
3.      Los creadores intelectuales tienen, tenemos, derecho a recibir retribución monetaria por sus obras. Pero el derecho a esta retribución debe considerar la necesidad social de alimentar el dominio público, y la necesidad individual de expresarse e inspirarse. El respeto conjunto de estas libertades debe ser el principio director de cualquier norma.
4.      La protección de los derechos adquiridos de aquellas empresas que controlan los contenidos culturales NO debe ser la prioridad de las normas sobre el desarrollo de la Internet y la vida digital. Al revés, como en cualquier economía de mercado, estas empresas deben adaptarse a las realidades de un mercado cambiante, en vez de forzar al resto de la sociedad a moverse a su ritmo y conveniencia.
5.      El acceso a la Internet es un derecho, debe ser libre, neutral y con garantía activa de protección ante la censura, el chuponeo y el seguimiento sin mandato judicial.
Como señala Villanueva en su blog Casi un Blog Mk.II estos puntos propuestos se basan en un manifiesto español que se encuentra en la conocida web de Microsiervos, y son el referente sobre el cual se creó el primer borrador de los cinco puntos.
Por otro lado, este manifiesto es también prueba de que el tema de los derechos digitales se encuentra en pleno auge -o contienda, se podría decir- a nivel global. Como señala Villanueva existen amenazas para el desarrollo de la vida digital, y es la posible inminencia de estas amenazas la que empuja a los colectivos de distintos países a lanzar estos manifiestos:
La presión desde los conglomerados de contenidos está haciendo que surjan iniciativas que pueden ser muy dañinas para nosotros, los ciudadanos que usamos la Red; estas iniciativas toman la forma de legislación agresiva en la escala nacional, o peor aún, tratados completamente opacos y aún más peligrosos en la escala multilateral, sostiene Villanueva en su blog.
Pero además agrega: ¿Cuáles son las amenazas? Por un lado, el ACTA (Anti-Counterfeiting Trade Agreement). Por el otro, la inundación de leyes de tres strikes, como la HADOPI (Haute autorité pour la diffusion des œuvres et la protection des droits sur Internet) en Francia o el proyecto de Economía Digital en el Reino Unido, o la ley de Economía Sostenible en España. En todas estas normas o tratados se busca consolidar la noción, creada en la DMCA (Digital Millenium Copyright Act), que la protección de los derechos patrimoniales es un bien en sí mismo, tan alto que debe preceder absolutamente cualquier otro derecho; a esto además se suma la noción, similarmente ridícula, que los derechos patrimoniales deben extenderse al gusto y saciedad de los derechohabientes, sin consideración alguna por el dominio público o el interés público.
Ciertamente, palabras muy fuertes que entran en franco enfrentamiento con el concepto que actualmente se maneja en la legislación global, pero que se distancian explícitamente de la piratería que es perniciosa, además de ser un delito.
Pero el problema es ¿cómo lograrlo?
La ola crece
Es obvio que el primer objetivo es llamar la atención, y cuestionar el status quo. La tarea no es tan difícil ya que con el actual estado de la legislación se han llegado a extremos tan escandalosos que no solo se ha logrado llamar la atención sobre el tema, sino que se ha predispuesto a un significativo número de personas e instituciones a pensar en que los cambios aunque tarden van a producirse.
Uno de los casos más recientes de los absurdos a los que se puede llegar fue el que se produjo en diciembre pasado cuando una joven de Chicago, Samantha Tumpach, de 22 años, fue acusada de haber querido grabar la película New Moon. La chica solo grabó tres minutos de la película mientras le cantaba el feliz cumpleaños a su hermana, pero ello bastó para que los administradores del cine intentaran llevarla a prisión por tres años. La noticia rebotó en diversos medios digitales y causó la indignación de numerosos navegantes y cinéfilos.
Y quizás es por ello que se han generado debates en torno al tema del copyright. El propiciado por la revista inglesa The Economist no podría tener un título más sugerente: Copyrights and Wrongs: this house believes that existing copyrights laws do more harm than good (Esta casa considera que los actuales derechos de propiedad intelectual causan más daño que bien).
¿Se desea cambiar la legislación con este tipo de debates? ¿Con la ola peruana? Sin duda, hay resultados ideales, como lograr que se acelere el paso al dominio público de las obras antiguas. Pero hay otras cosas que pueden ocurrir, como la promoción de repositorios nacionales, o cosas que no se han discutido todavía en el blog. Finalmente, si he lanzado esto es más para lograr que el tema se debata, cosa que no solemos hacer en nuestro país, responde Villanueva en un correo electrónico.
Caminar hacia atrás
Acelerar el paso al dominio público de las obras antiguas es en realidad una de las direcciones hacia la que apunta el manifiesto. De hecho, todos aquellos que ya se encuentren de acuerdo en no utilizar los derechos de propiedad intelectual tal y como los conocemos actualmente, tienen la opción de recurrir a otros derechos como los propuestos por Creative Commons.
Mediante ellos no todos los derechos se encuentran reservados, y se permite que otras personas utilicen nuestras obras para reproducirlas y modificarlas de acuerdo a ciertas normas. Pero ellos sirven para las obras que se están produciendo en la actualidad, no para las ya producidas.
Además, ello depende del autor. Si éste lo desea puede acogerse a los derechos de propiedad convencionales. Y es ahí en donde interviene otro de los puntos del manifiesto, ya que se busca que esos derechos no se cierren tan fuertemente como para obstruir la creatividad.
Menudo problema. ¿Qué incentiva más la creatividad? ¿Los derechos convencionales o los nuevos derechos que se propugnan?
Algunos grandes artistas ya han manifestado su posición, como Bono, el cantante de la banda de rock U2, que prefiere que no se descargue y distribuya su música a través de las redes P2P. Otros, como Radiohead, dan un paso más y deciden regalar parte de su obra, y otros más radicales incluso se manifiestan a favor de las descargas de sus obras musicales.
El punto 3 del manifiesto señala que los creadores intelectuales tienen derecho a recibir una retribución, pero será necesario mayor debate en cuanto a las dimensiones de esta retribución. Aunque se puede intuir que ésta no debe prolongarse ad infinitum, o por un tiempo tan prolongado que dé esa impresión.
Adaptarse o morir
¿Es un cambio el que estamos viendo? ¿Quién lo ha propiciado? Evidentemente, lo ha hecho la tecnología, pero aún no terminamos de comprender las dimensiones del cambio.
En la ola se muestran documentos que ya desde hace un tiempo circulan por Internet y que demuestran con cifras algo que ya es vox populi: los ingresos de los artistas de música provienen ahora principalmente de los conciertos, ya no de la venta de discos.
Las interpretaciones pueden ser varias pero todo apunta a que la industria musical de facto ya ha cambiado. Y quizás todo el debate se centra en la resistencia que los actores afectados de la industria hacen de su modelo.
Pero obra es también un libro, una pintura o un software (y sus autores no pueden hacer conciertos para mantener sus ingresos), y estos son puntos que ciertamente también van a tener que discutirse en el debate.
No me espíes
Más allá de lo que podamos descargar de la Red se encuentra lo que nosotros mismos subamos: nuestras obras, nuestras opiniones, aquello que hace de la Red un espacio de discusión.
Los participantes de la ola manifiestan su preocupación por la probabilidad de que la adhesión del Perú a ciertos acuerdos internacionales pueda colocar en peligro la capacidad de las personas a expresarse en la Red.
El punto 2 es específico a estas preocupaciones y tiene sentido en base a la probabilidad de que cualquier persona que se sienta afectada por un contenido que alguien haya subido a la Red, pueda (solo por la simple sospecha de que sea un contenido lesivo a la persona) pedir al ISP que lo retire de la Red.
Son detalles que los oleros han ido encontrando en los tratados, convenios y demás documentos que las autoridades están generando para regular la Red, y a los cuales el Perú podría adherirse como parte de un TLC o convenios similares.
Al final, Villanueva ha condensado todos los debates que se han producido en torno a los cinco puntos del manifiesto en un nuevo blog. El debate recién comienza y si desea puede unirse a él.
Jose Antonio Trujillo, CIO Perú