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Reportajes y análisis

La tecnología en el aula

[19/01/2010] Hace mucho tiempo se nos decía que el aula no había cambiado mucho en cientos de años. La tiza y el pizarrón seguían indemnes al paso del tiempo, con algunas pequeñas modificaciones para el alivio de los pulmones de los profesores; pero seguían siendo el principal recurso audiovisual con el que dar clases. Quizás por ello los colegios que pudieron se animaron a instalar computadoras y exponer al alumno a las PC. Mientras más computadoras se tenían, mejor el laboratorio de computación.  

Hace ya más de 20 años que se ese tipo de enfoque se instauró en algunos colegios; y probablemente no ha cambiado aún en algunos de ellos. La verdad es que los sistemas educativos han pasado un momento difícil al intentar usar de manera productiva las tecnologías de la información dentro del aula. Quizás simplemente no saben qué hacer y se ven desbordados por la gran cantidad de recursos que existen, y que los chicos sí saben usar, aunque no para propósitos educativos.
Preguntamos a algunos entendidos en la materia y lo que hayamos fue que hay instituciones que se esfuerzan en introducir cambios; pero también encontramos que son muchos los cambios que se deben hacer. Y eso lleva mucho tiempo.
¿Tecnología para qué?
Hace poco quedamos conmocionados cuando vimos como unos chicos egresados de la secundaria destruían su patrimonio histórico. Lo vimos porque uno de ellos, vanagloriándose de su salvajada, decidió subir el video a YouTube. ¿Por qué mencionamos esto? Porque esta es una prueba irrefutable de que los chicos sí saben utilizar la tecnología, pero no con propósitos educativos.
Las tecnologías de la información se han ido desarrollando de tal forma que es ahora imposible no encontrar un joven que no muestre destreza con un celular, un DVD, o conversando en el chat. No es entonces un problema acercar la tecnología a las nuevas generaciones, el problema radica en hacerlo dentro de un entorno educativo.
Y la prueba de esta otra afirmación es que existen colegios donde se prohíbe el uso del recurso tecnológico más disponible del país: el teléfono celular con cámara.
Los maestros no se han dado cuenta que los celulares son un recurso didáctico, no han llamado a los chicos a decirle vamos a usar los celulares para grabar imágenes que nos sirvan en el aula. ¿Qué colegio se ha dedicado a esto con todos los celulares que están en los bolsillos de los alumnos? Pero sí sabemos poner un letrero que dice prohibido llevar celular al colegio. Eso es mirar el pasado, que los profesores no están preparados para usar ese recurso tecnológico, sostiene Guillermo Ruiz, director general del Instituto Educativo para el Desarrollo Intelectual y Cultural (Inedic).
El problema es que la tecnología ha llegado y se está superponiendo a las viejas y casi eternas fallas que mantiene el sistema educativo peruano: no educa adecuadamente. Específicamente, muchas escuelas se mantienen con la idea de proporcionar conocimientos, aunque algunas ya han dado el siguiente paso de generar alumnos con capacidad reflexiva.
Lo que en buena cuenta ha sucedido es que la tecnología prácticamente le ha caído encima a las instituciones educativas, antes de que éstas siquiera hayan podido resolver sus viejos problemas de calidad educativa.
La tecnología y las computadoras en particular son equipos que donde han entrado han cambiado la forma de lo que ocurre dentro de la una organización. Requieren de una innovación constante y todo eso va contra la lógica de la educación como sistema, que tiende a ser más bien de muy largos plazos, de inversiones muy grandes. Basta ver que los colegios, incluso los más acomodados, aún no terminan de relacionarse bien con la televisión para que nos demos cuenta de todo lo que ha pasado. Con la computadora es peor, sostiene Eduardo Villanueva, profesor Asociado del Departamento Académico de Comunicaciones de la PUCP.
Como sostiene el educador, siempre se ha tratado de incorporar la tecnología como un elemento que respete la experiencia pedagógica tal como se encuentra. Y esto se ha producido de distintas formas, desde aquellas consideradas simples como el Plan Huascarán, hasta formas radicales como el de la OLPC. Más allá de discutir que una u otra sea buena o mala, la idea siempre ha sido meter tecnología al sistema educativo.
Pero por otro lado la tecnología ha entrado por el costado a la vida cotidiana de las personas. La vida es ahora radicalmente distinta, es diferente y las relaciones han cambiado, y las expectativas del uso de la tecnología no son las que teníamos de ella hace unos años.
¿Qué han generado estos dos movimientos? Dos conversaciones distintas que chocan todo el tiempo: nuestro uso cotidiano de la tecnología versus nuestra idea de que la tecnología debe servir para propósitos concretos. Ese conflicto en la educación es muy fuerte, e incluso se ve en la educación universitaria en donde algo tan simple como que los alumnos ya no entreguen trabajos escritos -algo que desde la perspectiva del estudiante es absolutamente natural- es, desde el lado de la universidad, un acto muy complejo, un proceso donde tiene que implementarse todo un sistema de certificaciones.
Pero además tampoco hay una idea clara de parte de los educadores de qué hacer con la tecnología. No saben que pedirle a la tecnología y la tecnología no sabe que ofrecerle a los educadores. Y eso va a tomar tiempo.
¿Qué tanto tiempo? Es difícil decirlo, pero a partir de experiencias internacionales uno puede comprender que primero hay que dar unos pasos fundamentales.
Recuerde que en Japón, a mediados de la década de los 90, prohibieron el uso de computadoras en la escuela primaria, y recién hace unos años permitieron su uso. Esto, porque se dieron cuenta que los maestros no estaban preparados y no existían las aplicaciones suficientes para que los chicos hagan cosas importantes en su desarrollo. Se tomaron un tiempo, formaron a los maestros, crearon aplicaciones y las están usando de nuevo. ¿Acaso eso hemos hecho en Perú? Ni nos hemos dado cuenta. Ni siquiera en los demás países de América Latina en donde estamos en lo que yo llamo en Gran Trance Digital: a más computadoras soy mejor. Eso es una falacia, sostiene Ruiz.
Igualmente, Villanueva sostiene que la ruta de menor resistencia es dar computadoras a los colegios y que los chicos aprendan por sí mismos. Ello no implica transformar radicalmente la forma en que el docente enseña al alumno, que es muy complicado y constituye la parte más difícil de resolver del problema, es cambiar la institución. Puede que haya profesores que apliquen esto en el aula, pero para que funcione se tiene que aplicar en la escuela y luego en el sistema.
Cambiar el sistema es difícil, pero hay ya algunos esfuerzos que apuntan a realizar algunos cambios. Uno de ellos es realizado por Microsoft a través de su programa Alianza por la Educación.
Este es un interesante esfuerzo que ya tiene cinco años y cuenta con una premisa simple pero bien poderosa: el saber que cada ser humano nace con un potencial no desarrollado, y que consecuentemente tiene derecho a desarrollar ese potencial a través de la tecnología.
Alianza por la Educación busca llevar la tecnología a las personas que hoy día no tienen acceso. Docentes de zonas rurales, niños de extrema pobreza, escuelas sobre todo multigrado y polidocentes donde el proceso de inclusión tecnológica es muy disruptivo, porque nunca han tenido tecnología, sostiene Úrsula Salazar, gerente de canales de educación, Región Andina de Microsoft.
Trabajamos en un modelo que es la alianza público-privada, es decir, con fundaciones o ONG locales, lideradas por al Ministerio de Educación y soportados por su software y tecnología, señala la ejecutiva. En la actualidad el proyecto de Alianza por la Educación se desarrolla con los gobiernos regionales de Piura, Ayacucho, Cusco, Ica, Arequipa, La Libertad, y Tacna, y la idea de Microsoft es llegar a todos los gobiernos regionales, específicamente con este modelo y llevar la tecnología a los docentes, para que ellos a su vez lo repliquen a los niños.
Lo que hace el ministerio de educación es avalar los contenidos de Microsoft a través de la Dirección General de Tecnologías Educativas; además de aprobarlos proporciona al programa con un grupo de docentes que son los Docentes Líderes. Cuando se realiza la alianza con un gobierno regional, lo que éste proporciona es la infraestructura; o sea, los salones de clase para dictar los cursos y el listado de beneficiarios, que deben ser docentes del sector público que no hayan tenido un curso de tecnología, indicó Salazar.
Microsoft, junto con la fundación de Empresarios por la Educación, lleva los materiales, las certificaciones, la logística, y la parte operativa, además de los docentes del ministerio, a las regiones. Ahí realizan la capacitación a los docentes de los gobiernos regionales y ellos se convierten en docentes formadores que replican el programa en su zona. El proyecto se hace sostenible en la medida que se dejan las capacidades en la zona de acción.
Hasta el momento se han capacitado con este programa unos 40 mil profesores a nivel nacional. Y ya hay resultados.
Hace poco tuvimos un concurso latinoamericano de docentes, con la participación de un profesor de Ayacucho y de Piura que fueron a Argentina a representar al Perú. Cada uno de ellos presentó proyectos desarrollados en su zona. El profesor de Ayacucho hizo un proyecto de matemáticas muy interesante usando el PowerPoint y el Excel, y las imágenes iconográficas de Ayacucho. Y el profesor de Piura hizo un blog, un espacio de colaboración con sus estudiantes, para conocer más sobre la cultura y la tradición piurana, recuerda Salazar.
Ciertamente, el camino es largo. El sistema educativo probablemente tenga que cambiar mucho y no se encuentra aún preparado para aprovechar al 100% todo lo que le pueda ofrecer la tecnología, pero algo ya se ha avanzado.
José Antonio Trujillo, CIO Perú