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Reportajes y análisis

La tecnología ha reformateado nuestros cerebros

[09/08/2010] Si la radio de nuestro auto no muestra el nombre de la canción y del intérprete es porque se ha malogrado. Algo anda mal si subrayamos una palabra en la página de un libro y su definición no aparece inmediatamente. No es buena señal que solo aparezcan huellas digitales en la pantalla del celular cuando deslizamos un dedo sobre ella.

Solo que tal vez hemos olvidado algunos detalles: Esa no es una radio satélite. Estamos leyendo un libro real, no un Kindle. Y el nuestro no es un smartphone, sino un teléfono simplecito no más. En resumen, estamos esperando que las antiguas tecnologías nos ofrezcan las simpáticas funciones de las nuevas.
"Antes nos limitábamos a envidiar lo que tenía el vecino", señala Christine Louise Hohlbaum, autora de The Power of Slow: 101 Ways to Save Time in Our 24/7 World (El poder de la lentitud: 101 maneras de ahorrar tiempo en nuestro mundo de 24/7). "Ahora lo que queremos es tener el último gadget. La tecnología ha impregnado todos los aspectos de nuestras vidas. Esta existencia tipo touchscreen literalmente ha reformateado nuestros cerebros. La tecnología que usamos también tiene repercusiones en nuestro comportamiento. Cliqueamos, hacemos ping, y hablamos por Skype todo el día".
Por eso nos desconcertamos cuando nos enfrentamos a algo que no es digital -como una puerta que se abre con llave, o un libro cuyas páginas no se voltean solas, o una televisión que emite los programas en tiempo real sin saltarse los comerciales. ¿Será que a todos les pasa lo mismo o simplemente ya somos unos geeks sin remedio?
Pues resulta que no somos los únicos que tienen experiencias extratecnológicas con cierta frecuencia. A continuación, los casos más típicos.
Como un eBook, pero sin baterías
¿Alguien recuerda cuando las editoriales publicaban libros en papel? Pues, adivinen qué, todavía lo hacen. Al menos por ahora. Sin embargo, es fácil olvidarlo. 
"Anoche, mientras leía un libro, quise saber si lo que acababa de leer ya había sido mencionado en las páginas anteriores", señala Dianne Smith, vendedora radicada en Manchester, Massachusetts. "Quería hacer una búsqueda en los primeros capítulos para encontrar la referencia, pero me di cuenta de que estaba leyendo un libro impreso y que tenía que pasar las páginas una por una. Me reí de mí misma. En realidad me encanta el obsoleto placer de pasar las páginas".
Para compartir textos basta con presionar un par de teclas, señala Matthew Kammerait, especialista en márketing y medios sociales de la editorial gráfica Quad/Graphics (Wisconsin), cuyo negocio asciende a cinco mil millones de dólares. Pero para compartir un libro real, ¡tendríamos que enviar moléculas!.
"Desde que trabajo con mi iPad, mi iPhone, mi laptop, etc., me he acostumbrado a compartir casi todo lo que me parece interesante como tema de conversación", continúa Kammerait. "Así que cuando leo un libro impreso, me descubro a mí mismo buscando botones de Share en la página".
No te preocupes, Matt. No se lo vamos a contar a tu jefe.
No tocar
Cuando uno se ha acostumbrado a usar un smartphone con interfase multitouch es muy difícil pasar a una pantalla normal sin intentar, al menos una vez, deslizar el dedo, presionar o dar un golpecito.
"Estoy tan acostumbrado a la pantalla táctil de mi teléfono que cada vez que alguien me da un a BlackBerry o algo por el estilo asumo que también es touchscreen", cuenta Dan Nainan, comediante y, según su propia definición, genio informático. "De hecho, ya he comenzado a tocar la pantalla de mi laptop, que no es touchscreen".
Aunque tal vez Nainan tendría que reconsiderar aquello de genio, él no es el único en esta situación. Gleb Budman reconoce que para él también todas las pantallas son touchscreen.
"Hace unas semanas, estaba en una librería Borders buscando un libro específico y no podía encontrar a ningún vendedor para que me ayudara", recuerda Budman, CEO de Backblaze, un servicio de backup en línea. "De pronto vi que en el sector de información había una pantalla grande en la que aparecían varios libros, y traté de buscar dándole golpecitos. Tap. Tap tap. Tap tap tap. Pero no, era una pantalla sin tacto. Así que a seguir buscando un vendedor no más".
Pero inclusive si la pantalla es touchscreen, es probable que no responda de la misma manera que la pantalla de nuestro dispositivo.
"Como tengo una HTC Evo y un iPad, a cada rato manejo mi Android como si fuera mi iPad, y viceversa", comenta Jeff Sass, del proveedor de entretenimiento móvil Myxer. "Siempre me frustro cuando no obtengo los resultados que espero. Estamos condicionados por los gestos que aprendemos, y es frustrante cuando tenemos que usar dispositivos diferentes".
¿Dónde está el Ctrl-z cuando uno realmente lo necesita? 
Justo en el momento en que estás a punto de decir una grosería de pésimo gusto, todo el mundo se calla. Gracias a tu torpeza, el finísimo jarrón antiguo de la tía abuela de tu esposa se ha convertido en miles de pedacitos esparcidos por la alfombra. Has sacrificado toda tu vida para criar a tus hijos, y ahora ellos ni siquiera se dignan a devolverte las llamadas. 
Una de las grandes tragedias de la vida es que no existe el botón Undo (Deshacer). Lo cual no es impedimento para que la gente siga tratando de usarlo. Josh Kelly, uno de los directores de Fine Design Group (y el que posiblemente pasa más tiempo imbuido en Adobe Photoshop) puede dar fe de ello.
"Todos los que trabajamos desde hace tiempo con computadoras nos hemos acostumbrado al shortcut que nos permite deshacer' nuestra última acción", explica. "Personalmente, hay ocasiones en que digo algo incorrecto mientras hablo por teléfono, o cometo un error al volante y pienso solo tengo que deshacer esto con una combinación de teclas. También he decidido hacer cosas con la convicción de que si no salían bien podía deshacerlas. En realidad, uno puede deshacer muchas cosas pero, por lo general, se requiere mucho más esfuerzo que un simple Comando-X.
Suscripción vitalicia a TiVo (o DirectTV en nuestro caso)
Antes de escribir este artículo, hicimos una pequeña encuesta y las respuestas más interesantes fueron de personas que están tan acostumbradas a TiVo y otros grabadores digitales de video que quieren usarlos en todas partes: no solo en la tele, sino también en los cines, en la radio del auto e incluso en las conversaciones.
"Como el TiVo me permite rebobinar fácilmente los programas de televisión, me la paso tratando de hacer rewind a mi radio para escuchar algo que se me hubiera pasado", señala Kim Dushinski, autor de The Mobile Marketing Handbook. "Pero solo me di cuenta de que estaba totalmente programado por la tecnología el día que quise rebobinar conversaciones reales con otras personas. (Sé que me dijo su nombre hace dos segundos, pero no lo cuerdo. Rebobino y...oh no,....maldición)".
Es fácil imaginar otras situaciones parecidas: Si das tres mil vueltas antes de llegar al punto, te hago un fast-forward para esquivar tu aburrido preámbulo. Hey, mi hijo de cuatro años acaba de hacer algo sorprendentemente lindo, espera que le dé replay.
"Mientras conducía por la carretera vi un afiche que me pareció muy divertido", cuenta Joe Paone, presidente de la firma de relaciones públicas Bee Elevated Communications. "Pero mi esposa se lo perdió, y mi reacción inmediata fue presionar rewind para que pudiera verlo".
Lamentablemente, a menos que vivamos dentro de una cursi película de Adam Sandler (en cuyo caso, tendríamos que lamentar algo muy diferente), la vida no viene con un DVR incorporado. Para bien o para mal, todos tenemos que lidiar con el tiempo real.
Las llaves del reino
Conducir un auto solía ser algo muy simple: ponías tu llave en la cerradura, abrías la puerta, ponías la llave en el arrancador, arrancabas. Ahora hay un control remoto para todo, salvo, bueno, para casi todo. 
Para encender su Toyota Prius 2004, el doctor Harry E. Keller, presidente de Paracomp, una empresa de software educativo basada en Internet, solo tiene que presionar uno de los botones de su llavero. Pero cuando alquila un auto durante alguno de sus muchos viajes, Keller suele pasar varios minutos sentado frente al volante, con la mano en el bolsillo, aplastando los botones de su llavero y preguntándose por qué no se enciende el auto.
Y esto no solo ocurre con los carros. En el mundo de botoncitos y circuitos que nos ha tocado vivir, se supone que todas las puertas deben abrirse electrónicamente. ¿Llaves? ¿No son unos objetos que solían usar nuestros padres?
"A veces, cuando llego a mi departamento, presiono mi tarjeta RFID o el control remoto de mi auto para abrir la puerta, que usa una llave tradicional. Y solo me doy cuenta de mi error cuando me choco contra la puerta que, obviamente, no se ha abierto", cuenta Martha Ciske, ejecutiva de medios sociales en Orlando, Florida. "Es fácil reemplazar unos huevos rotos o unas frutas golpeadas, pero debo admitir que mi orgullo también queda algo magullado". No te preocupes Martha, estás en buena compañía.
"Por lo menos dos veces al año, trato de cerrar la puerta de mi casa con el control remoto de carro o, peor aún, con el de la televisión", confiesa Crystal Washington, estratega de márketing radicada en Houston.
Queremos InterWebs
Como Internet nos ha puesto la información en "la yema los dedos",   es ahí donde queremos encontrarla, permanentemente. De lo contrario, podemos reaccionar de formas un tanto agresivas.
"Ya no puedo ver TV", se lamenta Richard Laermer, CEO de relaciones públicas de RLM y coautor de Punk Marketing. "Cuando empieza el programa Drop Dead Diva pienso estoy seguro de haber visto a Brooke Elliott anteriormente; ¿en qué otras producciones ha participado?' y me pongo a buscar algo donde pueda encontrar la respuesta con un clic. Solo que no hay nada que haga clic. La TV sigue ahí, inmóvil. Si mi madre oyera las cosas horribles que le grito a la televisión me lavaría la boca con jabón. He descargado cosas y las he visto en mi computadora, pero hace tres meses que no prendo mi televisor".
Desde San Francisco, Cameron Crotty, especialista en marketing high tech, dice que se desespera si no puede enriquecer la realidad con información en cualquier parte donde esté. 
"Hace algunos años, durante un viaje en auto a través del país, me dio un breve, pero irracional e hilarante, ataque de mal humor porque no era posible señalar un pueblo en el horizonte (o tocar el interior de mi parabrisas) y obtener un globito que me indicara su nombre y los servicios que podía encontrar ahí", recuerda Crotty.
Nota mental: Evitar las travesías largas con Crotty. O, por lo menos, impedir que tome el timón. 
Finalmente, la red nos ha convertido en consumidores que esperan que todo esté adaptado a sus gustos particulares, opina Danny Wong, escritor y cofundador de Blank Label, confeccionista de camisas a la medida (tenía que ser).
"Como cofundador de una startup en la que puedo diseñar mis propias camisas de vestir en línea, quiero que absolutamente todo esté personalizado: desde mis canales de Pandora hasta mis playlists de iTunes, pasando por los chocolates y la granola, e inclusive mi ropa interior, que me llega a casa gracias a una suscripción trimestral", escribe.
Muchas gracias, Danny. Solo que, eso de la ropa interior personalizada ya fue demasiada información. No es por nada, pero algunas cosas deberían seguir siendo análogas. 
Dan Tynan, PC World (US)