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Columnas de opinión

El caso contra el Cloud Computing: Quinta parte

Por: Bernard Golden, CEO de la consultora HyperStratus

[17/04/2009] Hablemos sobre la administración en la nube. Cuidado, este tema saca chispas.

En esta serie, hemos discutido las objeciones e inquietudes más comunes respecto al cloud computing. Lo que me llevó a iniciar este recuento fue un fenómeno muy interesante: cuando conversaba con diversas personas que trabajan para grandes compañías de TI que habían anunciado iniciativas de cloud computing (personas que además estaban involucradas en tales iniciativas), muchas de ellas me dieron a entender que, en realidad, la computación en la nube aún no estaba lista para las empresas, o que las empresas no estaban listas para ella.
Intrigado por tales afirmaciones, decidí sondear más profundamente los motivos que los llevaban a pensar que había barreras de adopción y, en ese proceso, logré identificar cinco puntos clave. En la primera parte, abordé la incapacidad de migrar convenientemente las aplicaciones existentes hacia infraestructuras en la nube. En la segunda parte, me ocupé de los riesgos legales, de negocios y normativos. En la tercera parte, analicé los temores sobre los SLA (o la ausencia de estos) en la nube. Y en la cuarta parte, exploré las objeciones respecto al Costo Total de Propiedad (TCO por sus siglas en inglés). En esta entrega, me ocuparé de la objeción final que se le suele formular al cloud computing: la falta de herramientas sofisticadas de administración.
Suele decirse que las empresas cuentan con herramientas propias de administración de sistemas y que, como los nuevos proveedores en la nube no las incorporan a su plataforma, resulta imposible administrar un sistema en la nube. Sin embargo, me parece que afirmar algo así es un poco precipitado. Todos los proveedores de la nube ofrecen herramientas para administrar los sistemas que corren en sus entornos. Y hay compañías startups que incluso proveen herramientas más sofisticadas para administrar algunos entornos en la nube. Así, por ejemplo, en el caso de Amazon EC2, Amazon ofrece una interfase web potenciada por Ajax para su entorno en la nube. También incluye un interesante plug-in Firefox, llamado Electric Fox. En caso de que estas herramientas fueran insuficientes, compañías como RightScale ofrecen sistemas que proveen particularidades más específicas que las disponibles en las herramientas gratuitas.
Pese a la existencia de estas herramientas de administración de sistema en la nube, hay un tema que sigue flotando en el ambiente: la incapacidad de las herramientas de administración del sistema dominante para gestionar un entorno mixto que incorpore centros de data existentes así como un entorno externo en la nube. En resumen, los usuarios finales se enfrentan con la necesidad de utilizar dos tipos diferentes de herramientas de administración, puesto que si utilizaran la herramienta de la nube, no podría aprovechar el capital humano que representa la capacitación y la experiencia del trabajador. Y si hay algo que toda empresa de TI desea evitar a toda costa es tener dos versiones de lo mismo.
De todas maneras, cabe preguntarse si el caso específico del cloud computing es la única situación en que la conjunción de dos sistemas de administración puede convertirse en un punto de quiebre.  Después de todo, a partir de la llegada de VMware a los centros de datos, los grupos de TI han tenido que adaptarse a usar dos sistemas de administración: uno para administrar los sistemas VMware y otro para administrar lo demás. Y, de alguna manera, esa situación fue incluso más complicada que la división interna/nube, porque los grupos de TI tenían que usar dos sistemas de administración diferentes en una sola plataforma virtualizada: el primero para administrar el hardware y el segundo para el hypervisor y para los invitados virtualizados que corrían en ese hardware. Y si los grupos de TI aceptaron este desafío (y salieron bien librados de él) fue, sin duda, porque los beneficios que implicaba la virtualización eran superiores a los inconvenientes de usar dos herramientas de administración.
Todo esto pone sobre el tapete uno de los aspectos relacionados a las herramientas de administración: en realidad, son más eficientes administrando dispositivos de hardware que sistemas de software. Si bien es cierto que administran tanto sistemas operativos como hardware, por lo general cuando se trata de aplicaciones no llegan a ser tan eficientes, especialmente si se trata de aplicaciones multinivel que abarcan más de una caja. Así se explica la gran acogida de productos como Splunk, que provee la capacidad de correlacionar archivos log a través de sistemas y componentes de software para permitir análisis de causa-raíz en las fallas de sistema. Splunk debe su existencia al hecho de que las herramientas de administración pertinentes no cubren realmente este tipo de necesidades de la administración.
En cuanto a los planes de los proveedores de herramientas de administración de sistemas para ocuparse del cloud computing, en este momento, su enfoque se limita a promocionar lo mucho que pueden ayudar en la gestión de nubes internas. Según esta visión del cloud computing, las empresas comenzarán a tratar de hacer que sus centros de datos sean más afines a la nube. Y esto implica agilizar las operaciones de TI: acelerar el aprovisionamiento de hardware vía una interfase web y usar software de coordinación para permitir la distribución en una infraestructura completa de sistema, incluyendo tanto diversas piezas de hardware como componentes de software mediante una sola transacción, en lugar de pasos repetitivos y (tal vez) sofisticados procesos de facturación basados en los métodos más frecuentes.
El atractivo de este enfoque radica en que aprovecha las fortalezas de la administración de hardware dentro de un entorno controlado, y las dirige hacia empresas individuales para administrar un entorno individual. Ayudar a manejar una nube interna representa una funcionalidad lógica de actualización simple que se adecua a las actuales realidades del mercado. En un artículo posterior me ocuparé de las nubes internas, pues considero que el tema merece un análisis adecuado, pero la cuestión en este momento son las prácticas de administración de sistemas para nubes externas.
Volviendo a ese punto, puede resultar inapropiado utilizar las herramientas de administración de sistema existentes como criterio de juicio. Tales herramientas son invalorables para administrar hardware, y en los entornos de la nube el usuario final no tiene hardware que administrar. Por lo tanto, no andan bien encaminados quienes se limitan a criticar las nubes externas porque no pueden ser administradas por las herramientas de administración de sistemas correspondientes. Los proveedores en la nube se ocupan de la administración del hardware y, tomando en cuenta la escala a la que trabajan, cuentan con sistemas sumamente sofisticados construidos expresamente para sus entornos. De hecho, la mayoría de ellos encaran el asunto del hardware de manera muy distinta a la que las herramientas de administración del sistema asumen actualmente. 
Las actuales herramientas de administración de sistemas fueron desarrolladas en una época en que el hardware era muy caro y difícil de reemplazar. En nuestros días, el data center de la empresa se comporta como si las circunstancias fueran las mismas y mantienen las mismas prácticas, aunque el costo del hardware se ha ido al piso -pues si bien el hardware es barato, el costo total de una pieza individual de hardware puede resultar muy caro- los gastos indirectos acarreados tanto por las operaciones manuales como por la adición de espacio para el centro de datos, hacen que el costo general de administrar inclusive un hardware barato se eleve de manera importante. En consecuencia, aunque las herramientas de administración de sistemas estén ancladas en un mundo de hardware caro, que debe ser supervisado de cerca porque una falla de equipo puede dañar las aplicaciones; su uso aún tiene sentido en los entornos de centros de datos, porque las exigencias de dichos entornos hacen que las instancias de hardware sigan siendo costosas.
En cambio, las nubes externas (nubes ubicadas en complejos externos a cargo de la nueva camada de proveedores) han sido diseñadas en base a premisas de sistemas muy distintas. Puesto que el hardware es tan barato, las prácticas de administración de sistema de los proveedores en la nube no se centran en atender las piezas individuales de hardware, aunque no por ello dejan de apreciar su valor. Al contrario, se asume que el hardware es, por definición, delicado y que, por lo tanto, es de esperar que falle. Al nivel en que operan estos proveedores, una falla de hardware es cosa de todos los días. Por ejemplo, si tienes cientos de miles de drives de disco, la caída de un drive ya es algo cotidiano. A cada rato surgen fallas de tarjeta madre que afectan el funcionamiento de toda una máquina. Con tal nivel de frecuencia de fallas, en lugar de lidiar con piezas individuales de hardware y tratar de preservarlas en las mejores condiciones, o crear entornos especializados para proteger un pequeño grupo de hardware redundante (como los entornos SAN que pueden administrar docenas o miles de drives, pero son económicamente insostenibles por el valor de la data de miles de drives), los proveedores en la nube construyen arquitecturas de sistema que son inherentemente redundantes, y pueden tolerar fallas de hardware individual sin mayores consecuencias. 
En este entorno, las herramientas de administración de sistema existentes no resultan apropiadas para el proveedor ni el usuario. Por lo tanto, no es pertinente cuestionar las nubes porque no nos permiten usar las herramientas comunes.
El quid del asunto es si la computación en la nube ofrece beneficios similares a los de la virtualización. ¿El cloud computing garantiza suficientes ventajas como para justificar el inconveniente de usar dos sistemas de administración? Con respecto a la virtualización, los beneficios fueron tan obvios y ostensibles que las organizaciones de TI la adoptaron ávidamente pese a sus inconvenientes. ¿Pero qué hay respecto a la computación en la nube? ¿Se subirán los grupos de TI a la nube pese a sus objeciones, que son justamente el tema central de esta serie de artículos? Esa pregunta nos hace regresar al potencial de TCO del cloud computing y, como ya he indicado, el caso contra los costos de la nube no es, en lo absoluto, tan deprimente como alguna gente suele asumir.
Como sea, incluso los grandes detractores del cloud computing le reconocen su eficiencia en ciertos contextos de utilización (como las aplicaciones de carga de trabajo provisional que no requieren mayor integración con las aplicaciones existentes). La aplicación EC2 de The New York Times es un buen ejemplo. Tomando en cuenta el beneficio financiero que reporta la implementación del EC2 para aplicaciones como esa, creo que no hay duda de que las organizaciones de TI aceptarán la molestia de usar un segundo sistema de gestión. Personalmente, y aunque parezca una gran incomodidad, les pronostico a los grupos de TI un futuro en el que será obligatorio contar con las herramientas de administración para varios sistemas.
Así, llegamos al último de los principales peros que enfrenta la computación en la nube. La próxima semana, a manera de conclusión, cerraré estas entregas explicando la manera en que, según mi punto de vista, los grupos de TI se las arreglarán para remontar estas objeciones. En todo caso, sin temor a equivocarme puedo decir que la respuesta bien podría consistir en buscar la manera de identificar estas objeciones y desdramatizarlas, en vez de utilizarlas para rechazar el uso del cloud computing.
Bernard Golden es CEO de la consultora HyperStratus, que se especializa en virtualización, cloud computing y temas afines. También es autor del libro "Virtualization for Dummies," best seller sobre ese tema.
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