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Columnas de opinión

El efecto Megaupload

Por: Guilherme Soares, vicepresidente de ventas de Iomega para América Latina.

[09/03/2012] El resonante cierre de Megaupload abre unos cuantos temas para considerar. Por un lado parece marcar un antes y un después en el ejercicio de compartir archivos indiscriminadamente y en forma casi anónima. Archivos que -en muchos casos-, han resultado objetados por sus legítimos propietarios desde el punto de vista de los derechos de autor. Pero ésta es solo la superficie. Si ahondamos un poco más en el episodio, veremos que el rol que ocupaba el coloso de las descargas, era un rol considerado fundamental en los tiempos que corren. Megaupload era una empresa de cloud pionera, anterior incluso al concepto de cloud computing. Y, a juzgar por el volumen de transacciones, la más popular.
¿Cómo va a impactar su caída en los clientes que no infringían la ley? Y me refiero a aquellas empresas medianas, pequeñas o familiares, y también a los profesionales independientes que utilizaban sus servicios legalmente abonando un fee mensual o anual que los acreditaba como usuarios Premium. Hoy, todos ellos han entrado en un limbo jurídico que los separa de su información de negocios. Esto solo puede perjudicar la reputación de otras empresas similares generando mayor inseguridad. ¿Hasta qué punto su información clave está a salvo en las empresas que prestan servicios de cloud? Inclusive, algunos periodistas especializados señalaban en sus artículos que ahora hasta se sentían inseguros por tener algunos documentos importantes en Google Docs.
Probablemente las secuelas del cierre de Megaupload no afecten tanto a las empresas más grandes y respetables, pero lo cierto es que se ha posado una sombra de duda para siempre en este tipo de servicios. La experiencia les ha demostrado, de la manera más drástica, que aún un gigante de la nube puede derrumbarse en apenas un día, arrastrando en su caída sus archivos más preciados. Muchos de ellos difícilmente vuelvan a confiar en el modelo de negocios que hizo rico a Kim Schmitz. Cabe preguntarse entonces, qué alternativas se abren a partir de esta nueva Internet, más estricta y menos anónima.
Es sabido que, en tecnología, cada tanto un nuevo paradigma remplaza al anterior en términos de eficiencia y confiabilidad. En esta nueva etapa, probablemente los usuarios que opten por compartir archivos de dudosa procedencia opten por los servicios descentralizados, como las redes peer-to-peer. Pero, ¿qué alternativas se abren para todas las empresas que se manejan dentro de la ley? Estos ámbitos del P2P no les ofrecerán mayor seguridad que las empresas como Megaupload, sino más bien todo lo contrario.
Una alternativa válida que surge para todos ellos en estos tiempos de incertidumbre es el concepto de Nube Personal (Personal Cloud). ¿En qué consiste esto de la Nube Personal? Sencillamente en compartir una instancia de almacenamiento interconectada, confiable y privada. Inaccesible para todos aquellos que no estén habilitados para acceder a la información. Porque la única certeza que nos deja el episodio Megaupload es que difícilmente las empresas vuelvan a depender de servicios que pueden desaparecer de la noche a la mañana llevándose con ellos la información más preciada, sin posibilidad alguna de recuperarla.